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martes, 26 de mayo de 2009

los origenes de la medicina

Los orígenes de la medicina se pierden en la noche de los tiempos. Las enfermedades, así como sus remedios, han cambiado a lo largo de la Historia, y al contrario de lo que se suele pensar, no siempre para bien. Las transformaciones económicas no sólo han resultado ser bendiciones para la forma de vida de la gente, sino que en ocasiones han tenido efectos colaterales devastadores para la vida humana.

Desde que existen seres humanos sobre la faz de la Tierra, éstos han sufrido las más diversas enfermedades. En un principio, cuando tenían hábitos caníbales, habrían sido infectados por los primates con los que compartían un hábitat tropical (ya sea por consumir su sangre, o a través de sus mordeduras). Virus, hongos, bacterias, protozoos o parásitos han hecho su vida si cabe más molesta. Muchos de estos agentes infecciosos son transmitidos a través de insectos (malaria y fiebre amarilla, por ejemplo).

Pero no pensemos que con la implantación de formas de vida sedentaria las cosas mejoraron significativamente. Muy al contrario: empeoraron. Con el establecimiento en asentamientos a menudo masificados, se difundieron enfermedades como la tuberculosis y la fiebre tifoidea. Las ratas (más en concreto, sus pulgas), en busca de los desechos humanos, transmitieron la peste (una enfermedad con origen oriental, descrita por vez primera en Occidente hacia el siglo II dC.)

Está demostrado que las sociedades cazadoras-recolectoras estaban mejor alimentadas, y tenían una talla más alta, que las comunidades agrícolas o ganaderas; en definitiva, su salud era considerablemente mejor. Con la llegada de las formas de vida sedentarias, la salud sufrió un rápido deterioro: la esperanza de vida disminuyó. Ello puede ser debido a las primitivas técnicas de cultivo (todavía no se había inventado el arado), a la variabilidad del clima, o a las enfermedades transmitidas por la domesticación de animales (la lepra o la difteria, entre otras).

El primer tratado de medicina conocido son los llamados "papiros Eber", escritos en Egipto hacia el 1550 aC. Éstos describen las prácticas terapéuticas de su tiempo. (Se dice que Imhotep, contemporáneo del faraón Zóser, hacia el 2630 aC., es el primer médico de la Historia.) Los griegos veneraban, desde el 1200 aC., un médico-dios llamado Asclepio, que posiblemente fue un personaje real (en ocasiones se le identifica con el egipcio Imhotep). Hipócrates de Cos (nacido el 460 aC.) es reputado como el primero y más grande médico griego. Éste propuso que la enfermedad es causada por un desorden en el cuerpo, no por los efectos malignos de una influencia sobrenatural.

La cirugía puede tener unos antecedentes remotísimos: operaciones craneales conocidas como "trepanación" se remontan a hace al menos 10.000 años. Los egipcios y los mesopotámicos practicaban operaciones simples (por ejemplo, en el caso de dislocaciones y fracturas). Sin embargo, como las infecciones a menudo resultaban fatales, las operaciones eran contempladas como un último recurso. Los egipcios empleaban cuchillas y agujas de cobre. Los mesopotámicos usaban instrumentos similares, a los que hemos de añadir sierras para cortar hueso. Los cretenses, hace 3.500 años, disponían de fórceps, taladros y escalpelos. Los babilonios operaban cataratas ya hacia el 1800 aC.

Durante muchos años, lo que ocurría dentro del cuerpo humano era un misterio para los médicos, cuyos diagnósticos se basaban tan sólo en la palpación y auscultación del paciente.

LOS HOSPITALES.- La Edad Media no es prolija en avances médicos, pero sí sanitarios: es entonces cuando se generaliza (e institucionaliza) el uso de hospitales. Éstos tenían, en un principio, carácter de enfermerías anexas a los monasterios; en ellos se practicaban tratamientos de medicina herbal . El primer hospital conocido propiamente dicho es el Hôtel de Dieu de Paris, fundado por el Obispo Landry el año 651 dC. La primera leprosería fue fundada por Rodrigo Díaz de Vivar (el Cid) en 1067. El primer hospital para enfermos mentales fue fundado en 1409 también en España.

Las gafas se las debemos a un vidriero italiano, que en 1280 tuvo la simple -pero brillante- idea de unir dos discos convexos de vidrio en frente de los ojos para permitir ver los objetos con mayor claridad. La referencia más antigua de ellas data de 1289. Las primeras gafas eran sostenidas con cadenas o cuerdas alrededor de la cabeza. Las primeras gafas con montura rígida fueron fabricadas en Inglaterra en 1727. Las gafas bifocales fueron inventadas por Benjamin Franklin en 1785.

Se dice que los aborígenes australianos realizaban transfusiones de sangre ya desde tiempos inmemoriales, pero la primera transfusión registrada de la que se tiene noticia tuvo lugar en Francia en 1667: Jean Denis transvasó sangre procedente de un cordero a un adolescente de 15 años, a quien previamente había practicado una sangría. Sorprendentemente, el paciente se recuperó. James Blundel, en 1818, se sirvió de una jeringa para llevar a cabo su transfusión, esta vez de humano a humano. Sin embargo, hasta 1909, las transfusiones no fueron seguras, a causa del problema de la coagulación; ese año el austriaco Karl Landsteiner descubrió los tipos sanguíneos, con lo que se puso fin a esta complicación.

Las vacunas tienen unos orígenes remotos en la India, o tal vez en China. Hacia el siglo XI en este último país se colocaban las costras de los enfermos de viruela enfrente de la nariz de personas no infectadas para, creándoles una forma leve de la enfermedad, prevenir un ataque más severo. Esta práctica no era inocua: al menos un 5% de los así "vacunados" morían como consecuencia de esta "infección selectiva".

El término deriva del latín (vacca) y fue utilizado por primera vez por el inglés Edward Jenner (1749-1823), luego de largos estudios sobre la cow-pox (viruela de las vacas), el 14 de mayo de 1796 extrajo virus purulento de una granjera contaminada y lo inoculó en el brazo de un joven (James Phipps), quien al cabo de varios días presentó en la vacunación una pústula que se curó por sí sola. Posteriormente demostró que el joven no era afectado por la enfermedad. Fue así que Napoleón hizo vacunar a su ejército y en 1809 se vacunó por orden del Emperador, su hijo el Rey de Roma. Luis Pasteur estudió los trabajos de Jenner y comenzó a inyectar microorganismos debilitados en animales. Descubrió una vacuna para el cólera de las aves y el ántrax del ganado.
En 1881 comenzó sus experimentos contra la rabia, enfermedad viral mortal que transmitían los animales (especialmente perros y gatos) al hombre a través de heridas por mordeduras. Hacía sus experiencias en animales, pero el día que recibió al joven Joseph Meister con una mordedura de un perro rabioso, no tuvo más alternativa que aplicar su suero en un ser humano. La vacuna tuvo éxito. Después de este hecho, se fundó en Paris el Instituto Pasteur. Meister trabajó posteriormente con Pasteur en su laboratorio. El Instituto Pasteur sigue siendo un lugar de constante investigación contra las enfermedades.

Las Vacunas

Descubrimiento

Descubridor

País

Año

Publicación sobre la vacuna.
Vacuna contra la viruela

Edward Jenner (1749-1823)

Gran Bretaña

1796

Vacuna antirrábica
Vacuna contra el ántrax de los vacunos

Luis Pasteur (1822-1895)

Francia

1885

Vacuna anticolérica

Hapfkine

Rusia

1892

Contra el Tifus

Wright

Gran Bretaña

1898

Inmunidad andidiftérica/toxina-antitoxina

Behring

Alemania

1913

BCG (Antituberculosa)

Calmette y Guérin

Francia

1921

Anatoxina Diftérica

Ramon y Glenny

Francia

1923

Vacuna contra la tos convulsa o tos ferina

Madsen

Gran Bretaña

1923

Anatoxina Tetánica

Ramon y Zoeller

Francia

1927

Primera vacuna Antigripal

Salk

EEUU

1937

Vacuna Amaril 17D

Theiler

Sudáfrica

1937

Vacuna contra la Paperas

EEUU

1949

Cultivos Celulares

Engers, Robbin y Weller

EEUU

1949

Vacuna Antipoliomielítica inerte

Salk

EEUU

1954

Vacuna Antipoliomielítica oral activa atenuada

Sabin

EEUU

1957

Vacuna contra el sarampión

Engers

EEUU

1960

Vacuna contra la Rubéola

Weller

EEUU

1962

Vacuna Meningocóccica C

Gotschlich

EEUU

1968

Vacuna Meningocóccica A

Gotschlich

EEUU

1971

Vacuna contra la Hepatitis B

Maupas

Francia

1976

Vacuna Neumocóccica

Austrian

EEUU

1978

Vacuna Hemophilus Influenzae

EEUU

1979

Vacuna contra la Varicela

Takahshi

Japón

1983

ROR Vacuna triple antisarampionosa, contra la paperas y contra la rubéola

Mérieux

Francia

1986

Primera vacuna por Ingeniería Genética contra la Hepatitis B

Laboratorios Chiron

EEUU

1986

Vacuna contra la Meningitis en lactantes

Eskola

Finlandia

1987



También en el siglo XVIII, buscando un remedio para aliviar el escorbuto entre los marineros, se descubrió uno de los pilares básicos de la nutrición humana: las vitaminas. Los marineros holandeses fueron los primeros en introducir (en el siglo XVI) cítricos en su dieta, para evitar las terribles secuelas del escorbuto: caída de los dientes y debilitamiento de los huesos, entre otros. Pero fue James Lind quien, en 1753, aconsejó introducir en la dieta de los hombres de mar jugo de limón, o de otro tipo de frutas. Cuando esta medida fue aplicada (en 1796) el escorbuto desapareció entre la marinería británica. Como es lógico, Lind no sabía que lo que prevenía esta terrible enfermedad no era la fruta en sí, sino uno de sus ingredientes: el ácido ascórbico, rico en vitamina C.

Antes decíamos que la cirugía tiene unos orígenes antiquísimos, pero que a causa de sus complicaciones (básicamente infecciones) se empleaba únicamente en casos de último recurso. Pues bien, con la invención de la anestesia, la asepsia, y los antisépticos, esta práctica fue decisivamente facilitada.

Los primeros anestésicos consistían en narcóticos del tipo de la mandrágora: Plinio el Viejo decía de ella que era un efectivo anestésico local, si se usaba en forma de cataplasma. Durante la Edad Media, los dentistas utilizaban el beleño asimismo como anestesia local. El primer anestésico general, el éter, fue empleado por primera vez (en Estados Unidos)
Al dentista William Morton se le atribuye el descubrimiento de la anestesia, en 1844. Morton construyó un aparato para administrar éter y lo probó con un paciente al que, luego de dormir, le extrajo una muela sin que sufriera ningún dolor.

El primer empleo del cloroformo como anestésico tuvo lugar en el séptimo parto de la reina Victoria de Inglaterra. La anestesia peridural (mediante la inyección analgésica en el espacio peridural que envuelve la médula espinal) fue empleada por primera vez en 1885.


La asepsia (es decir, el procedimiento a partir del cual el paciente es alejado de los gérmenes) nació con la práctica, establecida por el microbiólogo francés Louis Pasteur, de esterilizar los instrumentos quirúrgicos a través de su ebullición. El austriaco Ignaz Philipp Semmelweis, mediante el sencillo procedimiento de "obligar a los médicos a lavarse las manos", consiguió disminuir la mortalidad tras y durante los partos de forma dramática. La antisepsia tiene origen en 1865, cuando el cirujano británico Joseph Lister roció un quirófano con ácido carbónico para matar sus gérmenes.

El siglo XX dio a luz a un enorme número de avances por lo que se refiere a medicamentos, instrumental, métodos de diagnóstico, y nuevos tratamientos. Comenzaremos con dos medicamentos, hoy día de uso común, que han incrementado grandemente el bienestar y la expectativa de vida de las personas.

La aspirina, como tantos otros remedios, tiene un antecedente remoto en la Antigüedad: los médicos griegos recetaban a sus pacientes, para combatir el dolor de cabeza, un preparado de corteza de sauce. Como la moderna aspirina, derivada de la "salicilina" que se encuentra en los sauces, provocaba dolor de estómago. La aspirina propiamente dicha fue introducida en 1854 por el químico alemán Karl Frederich von Gerhardt, descubridor del ácido acetilsalicílico. Sin embargo, este analgésico (y antiinflamatorio) cayó pronto en el olvido, siendo redescubierto por un químico de la casa Bayer en 1893. El nombre "aspirina" deriva de una planta de la que se extrae la salicilina: Spiraea ulmaria (más conocida como "reina de los prados").

La Penicilina La droga maravillosa

Mientras realizaba una investigación sobre la influenza, el inglés Alexander Fleming observó accidentalmente cómo en un cultivo que realizaba las bacterias desaparecían por efecto del Penicillium notatum. Esta observación llevaría a la concentración, elaboración y depuración 10 años más tarde por el bioquímico británico Ernst Chain, el patólogo Sir británico Howard Flore y otros científicos de la efectiva penicilina que conocemos hoy día, una de las más importantes drogas medicinales del siglo XX y probablemente de la historia de la humanidad. La Penicilina actúa tanto matando las bacterias como inhibiendo su crecimiento. Mata sólo los organismos que están creciendo y reproduciéndose.
Es eficaz contra una gama amplia de enfermedades causadas por microorganismos como los pneumococos, los estreptococos, el gonococos, el meningococo, el clostridium de tétano, y la espiroqueta de la sífilis.
Sus efectos secundarios se limitan generalmente a reacciones alérgicas que pueden preverse con seguras pruebas antes de su aplicación. En 1944 Alexander Fleming recibió en Inglaterra el título de Sir por sus aportes a la ciencia y la medicina. Al año siguiente, en 1945, se entregó el Premio Nóbel de Fisiología o Medicina a Alexander Fleming, Howard Walter Florey y Ernst Boris Chain por sus contribuciones al desarrollo de la Penicilina. Millones de personas han salvado sus vidas, al tratarse con penicilina enfermedades para las que antes no existían tratamientos seguros ni curación. En la actualidad, sin embargo, varias bacterias han desarrollado resistencia a la penicilina y a otros medicamentos y antibióticos, causando preocupación entre médicos y científicos por un posible regreso a nuestra vulnerabilidad del pasado frente a las enfermedades e infecciones.

DESCUBRIMIENTO DE ALGUNOS INSTRUMENTOS MEDICOS

Microscopio

El ser humano posee el sentido de la vista desarrollado. Sin embargo, no se pueden ver a simple vista cosas que midan menos de una décima de milímetro. Y muchos de los avances en química, biología y medicina no se hubieran logrado si antes no se hubiera inventado el microscopio. El primer microscopio fue inventado, por una casualidad en experimentos con lentes, lo que sucedió de similar manera pocos años después con el telescopio de Hans Lippershey (1608). Entre 1590 y 1600, el óptico holandés Zacharías Janssen (1580-1638) inventó un microscopio con una especie de tubo con lentes en sus extremos, de 8 cm de largo soportado por tres delfines de bronce; pero se obtenían imágenes borrosas a causa de las lentes de mala calidad. Estos primeros microscopios aumentaban la imagen 200 veces. Estos microscopios ópticos no permiten agrandar la imagen más de 2000 veces. En la actualidad los de efecto túnel los amplían 100 millones de veces.Durante el siglo XVII muchos estudiosos de las lentes y los microscopios hicieron toda clase de pruebas y ensayos para lograr un resultado de mayor precisión. Entre los intentos fue el del italiano Marcello Malpighi (1628-1694) que en 1660 logró ver los vasos capilares de un ala de murciélago.El inglés Robert Hooke (1635-1701) hizo múltiples experiencias que publicó en el libro "Micrographia"(1665) con dibujos de sus observaciones. Sus aparatos usaban lentes relativamente grandes. El holandés Antonie van Leeuwenhoek (1632-1723), perfeccionó el microscopio usando lentes pequeñas, potentes, de calidad, y su artefacto era de menor tamaño. Alrededor del 1676 logró observar la cantidad de microorganismos que contenía el agua estancada. También descubrió los espermatozoides del semen humano; y más adelante, en 1683, las bacterias. Durante las siguientes décadas los microscopios fueron creciendo en precisión y complejidad y fueron la base de numerosos adelantos científicos. Pero recién en el Siglo XX llegó el gran cambio, con el microscopio electrónico, que sustituyó la luz por electrones; y las lentes por campos magnéticos. El primer microscopio electrónico lo construyó el físico canadiense James Hillier en 1937 y podía ampliar las imágenes hasta 7000 veces. Se continuó perfeccionando hasta llegar a aumentar unos dos millones de veces. En 1981 surgió el microscopio de efecto túnel (MET), que surgió aplicando la mecánica cuántica, y logrando atrapar a los electrones que escapan en ese efecto túnel, para lograr una imagen ultradetallada de la estructura atómica de la materia con una espectacular resolución, en la que cada átomo se puede distinguir de otro, y que ha sido esencial para el avance -a su vez- de la microelectrónica moderna.

El estetoscopio fue inventado por el médico francés Theophile René Hyacinthe Laënnec, aunque su prototipo no era precisamente complejo: se trataba de un simple tubo de papel. En un principio, la manera de auscultar el corazón o los pulmones era asimismo la más lógica: colocar la oreja en el pecho del paciente. El diseño del estetoscopio no tiene otra explicación que evitar el pudor de las damas al auscultarles el pecho. El endoscopio fue inventado por el médico polaco Joseph von Mikulicz en 1881, pero el moderno endoscopio es una invención del indio Narinder S. Kapany. Su aparato, diseñado en 1955, dispone de fibra óptica, lo que le permite llegar más lejos dentro del cuerpo humano, con menores molestias.

Los rayos X son un subproducto de las investigaciones del físico alemán Wilhelm Roentgen, en 1895.

La primera radiografía tomada por Róentgen muestra la mano de su esposa Berta. Los rayos X atravesaron su carnepero no los buesos ni el anillo que llevaba. Los rayos X son un tipo invisible de radiación electromagnética. Tienen una frecuencia muy alta y una longitud de onda bastante corta, lo que les permite atravesar cuerpos opacos con facilidad.

Gracias a ellos, se revolucionó el diagnóstico de las enfermedades, especialmente de los huesos y de órganos como los pulmones o los intestinos.

En 1972 Gedfrey Hounsfield inventó un escáner que utiliza rayos X de baja intensidad para obtener radiografías. Los escáner, por este motivo, son menos dañinos que los rayos X, y su uso está creciendo. La resonancia magnética nació en 1980.

La tomografía computada

consta de un aparato rotatorio de rayos X. La información que emite este aparato es procesada por una computadora, la cual proyecta en una pantalla la imagen tridimensional de la zona del cuerpo explorada. La tomografía Computarizada (TAC), Presentada al mundo en 1971, es una de las más formidables armas de/ siglo para el diagnóstico de las enfermedades, La resonancia magnética por imágenes (1972) es decisiva para el diagnóstico. Su versión en tres dimensiones es clave para la cirugía


Estos son algunos de los hombres que libraron a lo largo del siglo la más ardua de las batallas: defender la salud humana.

SALK JONAS

"Muchos creían que el doctor era frío, distante, y que estaba alejado de los problemas de la gente. ¡Qué injusticia! Trabajaba para entender la enfermedad no para tratarla día a día. Las ambulancias no daban abasto, y nosotras -en broma- lo presionábamos: '¡Vamos, vamos, apúrese, haga algo!' Y vaya si lo hizo... ". Así recordó una enfermera jefa del Hospital Municipal de Pittsburg (Pennsilvania) los negros días de 1955 en que la poliomielitis, parálisis infantil mataba o dejaba inválidos a mansalva. Por fin, el 12 de abril de ese año, fue presentada la vacuna, y Jonas Saik (Nueva York, 1914 - California,l 995) se convirtió en héroe de la humanidad.

AGOTE LUIS

Argentino, el médico Luis Agote (1868-1954) le legó al mundo el huevo de Colón de las transfusiones de sangre: consiguió mantenerla sin coagular agregándole citrato de sodio, y el 14 de noviembre de,_1914 concretó la primera transfusión exitosa. En la Primera Guerra Mundial, 600,000 transfusiones' consagraron su método.

SABIN Albert

(nacido Szaferzstein en 1906, polaco y ¡legado a los Estados Unidos en 1921) es -después de Jonas Salk- el segundo gran héroe que derrotó a la poliomielitis. En 1955 y usando, al contrario de Salk, virus vivos, logró la vacuna definitiva y de facilísima aplicación: unas gotas sobre un terrón de azúcar.

MILSTEIN CESAR

Los argentinos ignoraban su existencia: César Milstein, (Bahía, Blanca, 1927) en tiempos políticos difíciles, eligió Londres para trabajar e investigar. Pero en 1984, su país lo conoció con creces cuando fue consagrado por el Premio Nóbel de Medicina a raí 1 z de su creación: los anticuerpos monoclonales a partir de células híbridas, que pueden -a la manera de un mis¡¡- impactar un objetivo con una sustancia qui 1 mica. En potencia un arma clave para tratar el cáncer.

BARNARD CHRISTIAN

El 3 de diciembre de 1967 se detuvo el corazón de¡ mundo: en Ciudad del Cabo (Sudáfrica), el cirujano Christian Barnard (Sudiáfrica, 1922) y un equipo de treinta colaboradores reemplazó el corazón enfermo de Louis Washkansky, un comerciante de 55 años, por el de Denise Darvall (25), muerta en un accidente. ¡El primer trasplante de corazón! Una neumonía mató al paciente 18 días después, pero el gran camino estaba abierto.

GRANDES DESCUBRIDORES
C. G. ROSSEL
De la Sociedad Geográfica
Cuando se haga el recuento de los progresos alcanzados en el conocimiento de la selva
peruana en los últimos años del siglo pasado y comienzos del presente, habrá que adjudicar
a los misioneros dominicos gran parte de las conquistas geográficas logradas en beneficio
de la cultura peruana, pues sólo ellos, cumpliendo una elevada y patriótica misión
apostólica, han podido despejar muchas de las incógnitas que envolvía el estudio de la
montaña, particularmente en la sección del territorio que les está encomendado, y que
comprende las hoyas del Urubamba y del Madre de Dios.
Esa obra de redención social que incorpora al indio a la civilización y lo convierte en
hombre útil para la región y para la patria, continúa realizándose en los momentos actuales
y está, por lo tanto, al alcance de nuestra percepción personal. Los misioneros, los de hoy,
continúan esforzándose, como los de ayer, por penetrar en los secretos del bosque,
escudriñar la extensión del suelo, seguir el curso de sus ríos y catequizar a sus pobladores,
aun a riesgo de los inmensos peligros que entraña una labor semejante, cumplida en forma
silenciosa pero abnegada, y con el corazón puesto a los pies de la religión y del progreso.
Esa labor lleva ya muchísimos años. Para encontrar sus orígenes habría que recordar el
tesonero esfuerzo que estos buenos y pacientes dominicos realizaran en una época en que
no conociéndose las facilidades del avión ni de las embarcaciones modernas y seguras,
acometieron la empresa sorprendente de penetrar hasta lo más recóndito de nuestras selvas
en ligerísimas piraguas, sorteando los mil peligros que ofrece el bosque milenario, sin otras
armas que la Cruz de Cristo y sin otro apoyo que la fe, engrandeciendo los dominios de la
religión, y al servicio de la ciencia y de la cultura, como pocas veces se ha visto en otras
partes del mundo.
Esa lista de abnegados misioneros dominicos ofrece en sitio de honor el nombre de
monseñor Zubieta, por el sensacional descubrimiento que le tocara hacer en 1903, del
verdadero curso del río Paucartambo, en el departamento del Cuzco. El P. Zubieta, en
quien confundíanse el apóstol y el investigador científico, preocupado por el escasísimo
conocimiento que entonces se tenía de esa importante hoya fluvial, quiso investigar y
despejar el misterio que envolvía el curso de dicho río, que, para algunos geógrafos de la
época, era el Camisea, y, para otros, un tributario del Madre de Dios. Ni Raimondi, cuya
permanencia en la selva cuzqueña fue corta, ni otros geógrafos y viajeros que recorrieron el
sudeste del Perú, tuvieron oportunidad de esclarecer dicho enigma geográfico que
continuaba manteniéndose aún en los textos y libros oficiales, hasta comienzo del presente
siglo, como en espera de un espíritu superior que tomara a su cargo tan señalado
descubrimiento. Tan importante rectificación geográfica, permitió corregir a su vez los
mapas peruanos y la cartografía americana. Pero a costa de privaciones sin cuento, de
riesgos infinitos que sólo un dominico de la fortaleza espiritual y moral del P. Zubieta pudo
acometer y realizar con éxito.
Este eminente misionero salió del Cuzco con una pequeña expedición en busca del
Paucartambo cuyo curso siguió superando dificultades hasta desembocar en el Urubamba
en una mañana del histórico año 1903. Tres siglos de misterio acerca del verdadero curso
del río quedaron a los pies de tan ejemplar sacerdote, y el Paucartambo, contrariando lo que
decían libros y textos de geografía peruana, convirtiose, en todas las escuelas, en un
poderoso afluente del Urubamba, por su margen derecha.
La historia de este sensacional descubrimiento que permitió un reconocimiento más exacto
y completo de la hoya del Urubamba, alcanzó las proporciones de un acontecimiento
nacional. La Sociedad Geográfica de Lima, institución consagrada a estimular las
investigaciones geográficas en el Perú, otorgó al P. Zubieta una medalla de oro y autores de
la reputación de Larrabure y Correa, registraron el suceso en páginas imperecederas para
memoria de las generaciones del porvenir.
Dice Larrabure y Correa:
"El P. Zubieta siguió, el año pasado (1903), ese río hasta su desembocadura en el
Urubamba, donde es conocido con el nombre de Yavero. Además de esa expedición, que ha
despejado uno de los puntos obscuros más discutidos de nuestra geografía oriental, el P.
Zubieta ha recorrido algunos de los ríos que forman el alto Madre de Dios, donde ha
fundado la misión de Ccosñipata; ha visitado el río Inambari, proyectando fundar en sus
inmediaciones una nueva misión, y trabaja activamente en el establecimiento de una línea
telefónica de la ciudad de Paucartambo a Ccosñipata y otra telegráfica de la misma ciudad
al Cuzco".
Conociéndose mejor el curso de nuestros grandes ríos, pudo mejorarse igualmente la
administración pública, en tan apartadas zonas del territorio peruano, y estimularse el
desarrollo de los trabajos forestales a lo largo del Paucartambo, y aún vincular esta zona,
densamente poblada en sus partes altas, con la cuenca del Ucayali. Fue, por otro lado el
punto de partida de más arriesgados viajes de los misioneros dominicos que, impulsados
por la actitud ejemplar del P. Zubieta, se consagraron a proseguir la senda de los
descubrimientos geográficos, buscando nuevas rutas hacia la selva y nuevos campos de
acción para su labor apostólica. Estos viajes permitieron contar con interesantísimas
descripciones de los ríos y comarcas visitadas, croquis y planos de numerosos ríos que
llevan sus aguas al Manu, al Piedras, al Inambari, al Tambopata y al Madre de Dios; y
anotaciones acerca de la flora, fauna, recursos alimenticios, comercio, y sobre todo de las
tribus indígenas que moran en el interior de la selva. Aunque esta contribución geográfica
no es definitiva, porque el misionero sólo anota lo que ve, sin el aporte de instrumentos de
precisión, y sin el aporte de la ciencia en sí, sus contribuciones revisten una importancia
excepcional, por tratarse de materiales de primera mano, de nuevas experiencias al contacto
del bosque y de la floresta, de observaciones directas e inmediatas que si bien pueden
completarse y posiblemente rectificarse o corregirse más tarde, hoy es lo único que
se tiene de la selva, y lo más valioso, no sólo por su contenido intrínseco de datos y cifras,
sino por los sacrificios sin cuento que han debido soportar los misioneros dominicos para
poder allegarlos en cada uno de sus viajes de exploración y de estudio.
Preferentemente, los misioneros se han dedicado al estudio de los pequeños afluentes que
desaguan en dichos ríos, los que por no haber sido traficados por los caucheros, en la época
del auge de las gomas, permanecieron desconocidos y hasta ignorados para la geografía de
comienzos del siglo XX. Sabemos que todo el movimiento cauchero siguió el curso de los
grandes ríos: el Urubamba, el Amazonas, el Ucayali, el Piedras, el Inambari, el propio
Madre de Dios. De estos grandes cursos de agua se ha tenido siempre conocimientos más o
menos completos. Pero en cambio, la geografía nacional, guardaba en blanco las páginas
correspondientes a tan pequeños como poco estudiados afluentes. Era una tarea que parecía
dejada a propósito, al paciente espíritu investigador de los misioneros, que la acometieron
con fe, y sobre todo con patriotismo, aun cuando en su mayoría fueran españoles. Y sólo así
fue posible acopiar datos sobre el Sinkibenia, el Carbón, el Piñipiñi, partiendo en estas
expediciones desde el Pantiacolla, de los subafluentes del Piedras, del Tambopata, de La
Torre, del Purús y de toda la cuenca del Tahuamanu. Estos estudios tuvieron como centro
de partida la misión de Maldonado. Otras expediciones, que arrancaron del Lago Valencia,
exploraron los afluentes del Alto Tambopata, el río Palma Real, el Heat y Pariamanu, y los
del Inambari surcando el Colorado; o de la misión de Chirumbia, pudiendo alcanzar el
pongo de Mainique, bajando el Urubamba; así como confluencia del Tambo, saliendo de
Koribeni.
Gracias a tan eminentes misioneros hoy tenemos datos de los ríos y de las tribus,
conocemos a los mashcos, a los machiguengas, a través de pacientes vocabularios y relatos
de etnografía y ciencia social, tan completos y precisos como es posible. Muchas de estas
tribus tuvieron su primer contacto con la civilización mediante la obra misional de los
dominicos. Hoy, sus posibilidades de cultura y de trabajo son mayores que antes en virtud
de la labor esforzada y meritoria de los dominicos. Estos han roto el muro de
incomprensión y de ignorancia en uno y otro sentido. Esta sola labor, de ganar para la vida
civilizada cientos de familias indígenas, representa una contribución valiosísima al servicio
de la Patria. Pero, para realizarse, no se ha tomado en cuenta el sacrificio personal de los
misioneros. Los que han caído en esta brega cristiana son numerosos. Es con sangre y dolor
de misioneros cómo la selva ha entregado gran parte de sus secretos. Y la tarea no ha
terminado. Allí están los Padres José Álvarez, Gerardo Fernández, Ángel Santos, Andrés
Ferrero, Francisco Álvarez, Antonio Martín y otros muchos misioneros, jóvenes y maduros,
que siguen la ruta de los que ya partieron para la eternidad.
Quien esto escribe tuvo ocasión de tratar de cerca a otro tan digno y abnegado como los
anteriores: el P. Aza, espíritu superior por sus cualidades morales y cien por cien misionero,
cuya vida, por entero, estuvo consagrada al bien de los demás y que, materialmente,
envejeció con la cruz en la mano y entre sus amados salvajes. La contribución del P. Aza, a
la geografía del Madre de Dios, es invalorable. A él se le debe el primer mapa general de
la región, fruto de sus viajes, de sus penalidades, de sus sacrificios. Le escuché varias
conferencias que me dieron la medida de sus extraordinarias condiciones personales. Padre
leal y sabio. Naturalmente no es único en la Orden ni en el Madre de Dios y el Urubamba.
Cualquiera de sus compañeros, aun el más humilde, posee el mismo ánimo esforzado para
emprender grandes y perdurables hazañas en bien de la religión y de la cultura.

martes, 19 de mayo de 2009

cuadros importantes

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Catón el Viejo

(Redirigido desde Caton el Viejo)


Marco Porcio Caton Major.

Marco Porcio Catón (latín: M·PORCIVS·M·F·CATO)[1] (Tusculum 234 a. C. - 149 a. C.) fue un político, escritor y militar romano apodado El Censor (Censorius), Sapiens, Priscus o Major (El Viejo) para distinguirle de su bisnieto Marco Porcio Catón el Joven.

Catón procedía de una antigua familia plebeya que se había distinguido por reseñables servicios militares, pero no por el desempeño de alguna magistratura política. Fue criado a la manera de sus antepasados latinos y educado en la agricultura, a la que se dedicaba cuando no estaba integrado en el servicio militar. Sin embargo, Catón llamó la atención de Lucio Valerio Flaco, que lo llevó a Roma, donde, gracias a su influencia, Catón fue ascendiendo a través de las diferentes etapas del Cursus honorum: tribuno en 214 a. C., cuestor en 204 a. C., pretor en 198 a. C., cónsul en 195 a. C. junto a su viejo patrón, y finalmente censor en 184 a. C.

Como censor, Catón se distinguió por su conservadora defensa de las tradiciones romanas en contraposición con el lujo de la corriente helenística procedente de Oriente.[2] Además, y en el marco de su labor de censura, protagonizó un duro enfrentamiento con Publio Cornelio Escipión el Africano. Como político, Catón se distinguió por ser el mayor defensor e impulsor de la guerra con Cartago.

Como militar, combatió a los cartagineses en la Segunda Guerra Púnica entre 217 a. C. y 207 a. C., participando en la decisiva Batalla del Metauro, donde Asdrúbal resultó muerto. Durante su periodo de procónsul de Hispania Citerior dirigió sus tropas de forma dinámica y hábil subyugando a los insurgentes hispanos con dureza. En 191 a. C. intervino como tribuno militar en la campaña de Grecia contra el Imperio Seléucida de Antíoco III Megas, participando decisivamente en la Batalla de las Termópilas que marcó la caída de los seléucidas.

Se le considera el primer escritor en prosa latina de importancia y fue el primer autor de una íntegra historia de Italia en latín. Algunos historiadores han argumentado que de no ser por el impacto que causaron sus escritos, el griego habría sustituido al latín como lengua literaria en Roma. Su manual De Agri Cultura (también llamada De Re Rustica) o Sobre la Agricultura es la única de sus obras que ha sobrevivido en su totalidad. En ella se describe el rito de la suovetaurilia, entre muchos otros temas.

Pitágoras de Samos
(aproximadamente 582 a. C. - 507 a. C., en griego: Πυθαγόρας ο Σάμιος) fue un filósofo y matemático griego, famoso sobre todo por el Teorema de Pitágoras, que en realidad pertenece a la escuela pitagórica y no sólo al mismo Pitágoras. Afirmaba que todo es matemáticas, y estudió y clasificó los númerosPitágoras, nació en la isla de Samos en el año 582 a. C. Siendo muy joven viajó a Mesopotamia y EgiptoMitilene a estudiar con Ferécides de Syros y tal vez con su padre, Babydos de Syros). Tras regresar a Samos, finalizó sus estudios, según Diógenes Laercio con Hermodamas de Samos y luego fundó su primera escuela durante la tiranía de Polícrates. Abandonó Samos para escapar de la tiranía de Polícrates y se estableció en la Magna Grecia, en Crotona alrededor del 525 a.C., en el sur de Italia, donde fundó su segunda escuela. Las doctrinas de este centro cultural eran regidas por reglas muy estrictas de conducta. Su escuela (aunque rigurosamente esotérica) estaba abierta a hombres y mujeres indistintamente, y la conducta discriminatoria estaba prohibida (excepto impartir conocimiento a los no iniciados). Sus estudiantes pertenecían a todas las razas, religiones, y estratos económicos y sociales. Tras ser expulsados por los pobladores de Crotona, los pitagóricos se exiliaron en Tarento donde se fundó su tercera escuela.Poco se sabe de la niñez de Pitágoras. Todas las pistas de su aspecto físico probablemente sean ficticias excepto la descripción de una marca de nacimiento llamativa que Pitágoras tenía en el muslo. Es probable que tuviera dos hermanos aunque algunas fuentes dicen que tenía tres. Era ciertamente instruido, aprendió a tocar la lira, a escribir poesía y a recitar a Homero. Había tres filósofos, entre sus profesores, que debieron de haber influido a Pitágoras en su juventud. El esfuerzo para elevarse a la generalidad de un teorema matemático a partir de su cumplimiento en casos particulares ejemplifica el método pitagórico para la purificación y perfección del alma, que enseñaba a conocer el mundo como armonía; en virtud de ésta, el universo era un cosmos, es decir, un conjunto ordenado en el que los cuerpos celestes guardaban una disposición armónica que hacía que sus distancias estuvieran entre sí en proporciones similares a las correspondientes a los intervalos de la octava musical. En un sentido sensible, la armonía era musical; pero su naturaleza inteligible era de tipo numérico, y si todo era armonía, el número resultaba ser la clave de todas las cosas.

La voluntad unitaria de la doctrina pitagórica quedaba plasmada en la relación que establecía entre el orden cósmico y el moral; para los pitagóricos, el hombre era también un verdadero microcosmos en el que el alma aparecía como la armonía del cuerpo. En este sentido, entendían que la medicina tenía la función de restablecer la armonía del individuo cuando ésta se viera perturbada, y, siendo la música instrumento por excelencia para la purificación del alma, la consideraban, por lo mismo, como una medicina para el cuerpo. La santidad predicada por Pitágoras implicaba toda una serie de normas higiénicas basadas en tabúes como la prohibición de consumir animales, que parece haber estado directamente relacionada con la creencia en la transmigración de las almas; se dice que el propio Pitágoras declaró ser hijo de Hermes, y que sus discípulos lo consideraban una encarnación de Apolo.