
Inventor del teléfono
Cuenta la leyenda que cuando Graham Bell patentó el teléfono en 1876, ya había comprobado que su ingenio era capaz de transmitir sonidos entre dos lugares distantes, pero no lo había aplicado a la voz humana. Parece que tres días después, mientras trabajaba en su laboratorio cerca del transmisor, le cayó ácido en la ropa, y su grito de auxilio a su ayudante constituyó la primera palabra jamás transmitida telefónicamente. Bell había nacido en 1847 en Edimburgo, donde también cursó estudios que luego prosiguió en Londres. A los 16 anos dejó el aprendizaje musical para consagrarse a la fonética, siguiendo a su padre, que era profesor de dicción. En 1870, por motivos de salud, emigró con su familia a Canadá, y un año después a Boston (Estados Unidos), donde abrió una escuela para ensenar a los sordomudos el lenguaje de signos. Casado con una sorda, trataba precisamente de encontrar un sistema de audición para estos disminuidos cuando creó el teléfono. La invención alcanzó un gran éxito, pero su patente fúe impugnada por rivales que obligaron a Bell a pleitear. Finalmente, el Tribunal Supremo le dio la razón y en 1877 fúndó la Bell Telephone Company. Además, dirigió la Sodedad Geo-gráfica desde 1906 y desarrolló otros ingenios como el fotófono, un localizador de objetos metálicos en el cuerpo humano y un prototipo de pulmón de acero.




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