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miércoles, 18 de marzo de 2009

LA LENGUA DE LAS MARIPOSAS

La Lengua de las Mariposas (España, 1998) llegó al país a través de la XXXVII Muestra Internacional de Cine y, aunque tuvo también un modesto estreno comercial hace varios años, la realidad es que la cinta desapareció de la cartelera de inmediato. Sin embargo, la película está disponible tanto en DVD de Región 4 (criminal full-screen, detrás de las cámaras, notas de producción) como de Región 1 (con el título en inglés de Butterfly, una impecable edición sin extras, pero con el formato original widescreen 2.35:1).
Sobre tres cuentos entrelazados del escritor gallego Manuel Rivas (La Coruña, 1957) adaptados por el veterano Rafael Azcona, el cineasta, guionista y productor José Luis Cuerda realizó la que es, hasta el momento y por mucho, su mejor película. La Lengua de las Mariposas está ubicada en Galicia, a mediados de los años 30, cuando la república española está a punto de caer bajo la suela de las repelentes botas fascistas del Caudillo por la Gracia de Dios Francisco Franco. Moncho (notable Manuel Lozano), un introvertido y asmático infante de ocho años de edad, es enviado a la escuela, a la clase del viejo pero benévolo maestro Don Gregorio (infaltable Fernando Fernán Gómez) quien le dicta poemas de Machado, le da lecciones sobre las maravillas de la naturaleza y la lengua que tienen las mariposas, le aconseja cómo hacerla de precoz galán, le dice en secreto que el infierno �no existe� y le presta, además, su primer gran libro (La Isla del Tesoro, nada menos).
Mientras las clases se suceden bajo la noble tutela de Don Gregorio, Moncho abre los ojos a la vida: descubre un vergonzoso secreto familiar, ve cómo su hermano saxofonista llora por un amor imposible, siente atracción por una bella compañerita y, maldita sea, crece tanto que llega a cometer su primera traición, su primera cobardía, su primera bajeza. Al final de La Lengua de las Mariposas, Moncho, con gesto feroz y piedra en mano, ha empezado a convertirse en adulto. Y en uno muy lamentable, por cierto.
Cuerda dirige la película sin demasiados aspavientos estilísticos y/o narrativos, seguro de que la historia no los necesita. Además, el filme está bien servido por la bella fotografía en exteriores e interiores de Javier Salmones, la atmosférica música gaélica de Alejandro Amenábar y un reparto que no tiene tacha alguna. La mirada final del derrotado profesor Don Gregorio representa, en realidad, la derrota de la dignidad humana. Y nadie mejor para transmitir esto que los ojos tristes, desolados, decepcionados, de Fernando Fernán Gómez.

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